Danza de la alegría (detalle).
Paco Sánchez, 1996

‘Adán y Eva’

Adán y Eva, 1638
Rembrandt van Rijn

Aguafuerte y punta seca sobre papel
17,3 × 13,3 cm

Casa de Colón.
Cabildo de Gran Canaria.

La calcografía Adán y Eva de 1638, quizás sea una de sus estampas más reconocibles, una reinvención de la iconografía de las escenas bíblicas a las que dotaba de “humanidad” y elementos de la vida cotidiana. En un primer plano vemos a Eva, en el centro de la composición, y a Adán,  abordándola por su lado izquierdo. Esta acción es equilibrada con un gran árbol que ofrece cobijo a los protagonistas, desde el que se asoma una serpiente alada que observa como Eva, que sostiene la manzana con su mano izquierda, fruto prohibido en el Paraíso, parece querer morderla mientras Adán, alzando las manos en actitud de protesta, intenta protegerla de cometer el primero de los pecados del ser humano. 

Una hermosa obra que muestra el fugaz instante del deseo de pecar, una dicotomía entre el bien y el mal,  donde Lucifer, transmutado en serpiente, aún no ha perdido su capacidad de volar que le será arrebatada, según la mitología, después de introducir el pecado original en el Paraíso, quedando sometida a reptar por el resto de su existencia.

 

Rembrandt Harmensz van Rijn (Leyden, Países Bajos 1606 – 1669, Ámsterdam)

Pintor, dibujante y grabador holandés, está considerado uno de los artistas barrocos más importantes del siglo XVII y uno de los mejores grabadores de la Historia del Arte. Su enigmática figura experimentó con diversos materiales y, sobre todo, desarrollando el dominio de la luz y un control total sobre la noche.

Sus estampas muestran un mundo deslumbrante, de una calidad e importancia transcendental, que se refleja en la devoción de numerosos artistas por sus obras a través de los siglos, influyendo en importantes figuras del arte mundial como Goya, Delacroix, Van Gogh, Picasso, Henry Moore o Francis Bacon. Un verdadero maestro del grabado que hace retener la mirada en estas pequeñas ventanas al pasado, asomándonos a un universo tan personal como arrebatador. 

Entre 1628 y 1660 realiza más de trescientas planchas de grabado, cada una de ellas se presentaba como un reto, una nueva investigación formal en la búsqueda de una mayor expresividad, fuerza e intensidad de la estampa final. El Grabado tiene por objeto aumentar la difusión de la obra de arte, dado que a partir de una sola plancha, se pueden reproducir numerosos ejemplares de una misma pieza. A través de esta técnica, Rembrandt se muestra como un auténtico maestro,  de personalidad apasionada, su vida se refleja en su obra, impulsándolo dentro de la experimentación y la creación artística. 

En la actualidad, varias de estas series de delicadas estampas están presentes en diferentes colecciones, como las que poseen el Museo Lázaro Galdiano o la Biblioteca Nacional de España, en Madrid. De la serie de dieciséis estampas que forman parte de la Colección de grabados de la Casa de Colón, catorce de ellas son originales del genial artista holandés, adquiridas a principios de los años setenta del siglo XX por el Cabildo de Gran Canaria. Dichas piezas, a partir de 1976, fueron parte de las exposiciones itinerantes de la Casa de Colón, expuestas en diferentes municipios de Gran Canaria, así como en Tenerife y La Palma, una simbólica pero significativa muestra de su crucial aportación a la técnica del grabado. 

Obra

Considerado uno de los grandes innovadores del grabado, Rembrandt tenía una curiosa forma de trabajar: retocaba las planchas de grabado una y otra vez, experimentando con planteamientos compositivos, en donde la acción de la luz es fundamental: grabados abocetados, mordidos por el ácido a medias, con dramáticos contrastes de luz, completados con el buril y la punta seca de forma continuada, retocando y regrabando en múltiples pruebas de estado, cambiando los papeles de estampado para matizar los negros obtenidos, anticipando técnicas como el aguatinta, desconocida en ese momento. Un proceso inacabado que daba lugar a diferentes versiones de unas láminas que alcanzaron un inmenso éxito en la época. El maestro neerlandés revaloriza el grabado como género en sí mismo, estableciendo un punto y aparte radical en la Historia del mismo.

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