Danza de la alegría (detalle).
Paco Sánchez, 1996

‘Aguadoras’, Antonio Padrón

Aguadoras, 1954
Antonio Padrón

Óleo sobre lienzo
37,5 × 50 cm

Casa-Museo Antonio Padrón.
Cabildo de Gran Canaria.

La visión de las mujeres  recogiendo o portando agua ha sido una temática muy recurrida en el mundo artístico de las Islas Canarias. Ellas, incansables trabajadoras, a veces de forma idílica, otras reflejando la dura realidad, son las protagonistas de numerosas obras icónicas de nuestro patrimonio artístico. 

Antonio Padrón, tras volver del servicio militar a Gran Canaria en 1951, desarrolla un mundo creativo lleno de experimentación, volcándose en sus obras. Las Aguadoras, una obra que forma parte de estas visiones insulares, será una de las piezas que presente en  su primera exposición individual en El Museo Canario, en 1954. 

En el centro de la composición, un grupo de campesinas llevan tallas entre sus brazos o sobre la cabeza. Parecen reunirse en un punto de encuentro reservado para esta labor. La composición, mantiene el movimiento a través de los personajes secundarios de rostros difusos: el autor abandona los rasgos reveladores de un rostro específico para conceder mayor importancia a una generalidad de coloridas ropas, mientras dos figuras protagonistas miran fijamente al público que las observa. Las dos mujeres, hieráticas en primer término, esperan que les cedamos el paso ante su tan pesada tarea.

Al fondo, un paisaje de montes y casas dispersas localizan la escena en un ambiente rural. Esta paleta de colores expresionistas, donde destacan los ocres, verdes y marrones y sus figuras, tendentes cada vez más a la geometrización, van vislumbrando el estilo tan característico que forjará el pintor los siguientes años.

Antonio Padrón Rodríguez (Gáldar, Gran Canaria 1920 – 1968) 

Fiel a sí mismo, experimenta y evoluciona desde la deseada soledad de su taller en Gáldar. En su estudio, se centra en la búsqueda de un lenguaje propio que bebe del mundo indígena canario, del expresionismo, del cubismo, del indigenismo, dando origen a un estilo inconfundible. Autocrítico con sus obras pues reflejan su personalidad, se configuran como ventanas abiertas por donde asomarse a la intimidad cotidiana de la sociedad canaria.

El pintor nace en Gáldar en 1920, quedándose huérfano a la edad de 10 años, vivirá con sus tíos. En 1938 finaliza sus estudios de bachillerato en el instituto Pérez Galdós, donde el pintor Nicolás Massiu y Matos le introduce al dibujo, dando comienzo su formación artística con uno de los pintores más importantes de nuestro archipiélago. En ese año marcha a Madrid, alistado en el ejército hasta 1945.

Durante estos años cultiva la pintura y la música en la Escuela Central de Bellas Artes de San Fernando, siendo alumno de grandes figuras como Daniel Vázquez Díaz, Julio Moisés y Ramón Stolz, entre otros. En esta etapa de aprendizaje tendrá lugar su obra más academicista. En 1949 se titula como profesor de dibujo, volviendo definitivamente a Gran Canaria en 1951.

Recién llegado a la isla, en 1950, participó en una exposición colectiva en el Colegio Municipal de Santa María de Guía, junto a la primera generación de artistas de la Escuela Luján Pérez: Felo Monzón, Plácido Fleitas, Santiago Santana, Juan Ismael, Jesús Arencibia, Manolo Millares, Miró Mainou y su antiguo maestro, Nicolás Massieu, entre otros.

A lo largo de su carrera expondrá de forma tanto individual como colectiva. Su primera exposición individual llegará en 1954, en El Museo Canario. Tras ella, conquistará de forma individual otros dos espacios expositivos de primer orden en nuestra ciudad; una segunda exposición en el Gabinete Literario en 1960 y una antología de su obra, en 1965, en la Casa de Colón.

Sucesivas muestras colectivas se darán a lo largo de su corta vida. En la Primera Exposición de Arte Nuevo de 1957 en La Laguna, organizada por la Biblioteca Española, participa en I Exposición de Artista Canarios en París en 1959. Un año después obtendrá el Primer Premio de Conjunto-Pintura en la IX Exposición Regional de Bellas Artes. Expone en el Círculo de Bellas Artes de Santa Cruz de Tenerife, en 1961, con la exposición colectiva Artistas Contemporáneos en Gran Canaria organizada por la Escuela Luján Pérez, y en 1964 en el Casino de Gáldar. Su última exposición colectiva tendrá lugar en la Modern Art Gallery de Las Palmas en 1966, junto a destacados artistas como Lola Massieu, Plácido Fleitas, Eduardo Gregorio o Dieter Korbanka, pues fallece en Gáldar en mayo de 1968, a los 48 años de edad.

Tras su muerte, se suceden diversas muestras antológicas de sus trabajos: en El Museo Canario en 1970, en la Casa de Colón en 1981 o en 2013, en la Casa Palacio del Cabildo de Gran Canaria. Por iniciativa de Dolores Rodríguez Ruíz, tía del pintor, el Cabildo de Gran Canaria adquiere su colección y taller en Gáldar, inaugurando la Casa-Museo Antonio Padrón en 1971, incorporando, años más tarde, el Centro de Arte y Estudios Indigenistas.

Obra

Considerado, junto al pintor Paco Sánchez, como los “último indigenistas”, Antonio Padrón enriquece este movimiento a través de sus relatos pictóricos y su inconfundible estética plástica, pero manteniéndose al margen de la denuncia social que llevaba consigo el indigenismo primigenio de la Escuela.

La principal característica o rasgo identificador de la pintura de Antonio Padrón es la tipología de sus personajes, sus figuras se vuelven geométricas a partir de 1953, bañadas en una paleta de color propia del neoexpresionismo, en capas de pintura de calidad pastosa y gruesa, visibles al tacto.

Los elementos que aparecen en sus composiciones se vuelven clave para el estudio de su trabajo. Aparecen series temáticas como camellos, cabras, molinos… y por supuesto la figura humana, forma esencial en sus cuadros, relevando el paisaje a un elemento secundario en sus obras.

La mujer canaria será la protagonista de sus narraciones pictóricas, estudiadas al detalle. A través de Mujer Infecunda, nos desvela el mundo oculto de lo cotidiano, como la santería, un mundo dominado por mujeres en un contexto agrícola. Haciendo visible la respetada figura de las curanderas, el público es testigo de la fusión entre la medicina popular canaria y la cultura religiosa, como parte de la idiosincrasia canaria.

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