Danza de la alegría (detalle).
Paco Sánchez, 1996

‘Autorretrato’, Rembrandt van Rijn

Autorretrato, 1633
Rembrandt van Rijn

Aguafuerte sobre papel
13,5 x 10,3 cm

Casa de Colón.
Cabildo de Gran Canaria.

Es evidente que la obra de arte, como testimonio material y espiritual de un momento histórico concreto, puede ser objeto de múltiples lecturas e interpretaciones.  Podemos acercarnos a las estampas de formas y maneras diferentes: por el tema, su significado, la composición, los claroscuros, las huellas del buril o el tipo de papel utilizado. En numerosas ocasiones, el artista utiliza los grabados como ensayos previos de sus futuras pinturas, las láminas reflejan su prodigioso manejo de la luz y la sombra, que envuelve las siluetas con detalles que emergen ante nuestros ojos, anticipándose a la modernidad al introducir la temática social en sus obras: pobres, desamparados, sus retratos y escenas son principalmente psicológicos, realizando una inmersión más allá de los rasgos físicos de los personajes.

En este autorretrato podemos apreciar la madurez del artista que, de mirada desafiante y seguro de sí mismo, aparece ataviando con la riqueza de un noble mientras dibuja en la comodidad de estudio. Este tipo de retratos de pequeño formato se convierten en obras muy manejables por su tamaño, una especie de fotografía de las que se formaban colecciones.  El género del retrato en grabado no era algo habitual y Rembrandrt, muy aficionado a él, se plasmará en más de treinta ocasiones. 

 

Rembrandt Harmensz van Rijn (Leyden, Países Bajos 1606 – 1669, Ámsterdam)

Pintor, dibujante y grabador holandés, está considerado uno de los artistas barrocos más importantes del siglo XVII y uno de los mejores grabadores de la Historia del Arte. Su enigmática figura experimentó con diversos materiales y, sobre todo, desarrollando el dominio de la luz y un control total sobre la noche.

Sus estampas muestran un mundo deslumbrante, de una calidad e importancia transcendental, que se refleja en la devoción de numerosos artistas por sus obras a través de los siglos, influyendo en importantes figuras del arte mundial como Goya, Delacroix, Van Gogh, Picasso, Henry Moore o Francis Bacon. Un verdadero maestro del grabado que hace retener la mirada en estas pequeñas ventanas al pasado, asomándonos a un universo tan personal como arrebatador. 

Entre 1628 y 1660 realiza más de trescientas planchas de grabado, cada una de ellas se presentaba como un reto, una nueva investigación formal en la búsqueda de una mayor expresividad, fuerza e intensidad de la estampa final. El Grabado tiene por objeto aumentar la difusión de la obra de arte, dado que a partir de una sola plancha, se pueden reproducir numerosos ejemplares de una misma pieza. A través de esta técnica, Rembrandt se muestra como un auténtico maestro,  de personalidad apasionada, su vida se refleja en su obra, impulsándolo dentro de la experimentación y la creación artística. 

En la actualidad, varias de estas series de delicadas estampas están presentes en diferentes colecciones, como las que poseen el Museo Lázaro Galdiano o la Biblioteca Nacional de España, en Madrid. De la serie de dieciséis estampas que forman parte de la Colección de grabados de la Casa de Colón, catorce de ellas son originales del genial artista holandés, adquiridas a principios de los años setenta del siglo XX por el Cabildo de Gran Canaria. Dichas piezas, a partir de 1976, fueron parte de las exposiciones itinerantes de la Casa de Colón, expuestas en diferentes municipios de Gran Canaria, así como en Tenerife y La Palma, una simbólica pero significativa muestra de su crucial aportación a la técnica del grabado. 

Obra

Considerado uno de los grandes innovadores del grabado, Rembrandt tenía una curiosa forma de trabajar: retocaba las planchas de grabado una y otra vez, experimentando con planteamientos compositivos, en donde la acción de la luz es fundamental: grabados abocetados, mordidos por el ácido a medias, con dramáticos contrastes de luz, completados con el buril y la punta seca de forma continuada, retocando y regrabando en múltiples pruebas de estado, cambiando los papeles de estampado para matizar los negros obtenidos, anticipando técnicas como el aguatinta, desconocida en ese momento. Un proceso inacabado que daba lugar a diferentes versiones de unas láminas que alcanzaron un inmenso éxito en la época. El maestro neerlandés revaloriza el grabado como género en sí mismo, estableciendo un punto y aparte radical en la Historia del mismo.

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