Danza de la alegría (detalle).
Paco Sánchez, 1996

‘La Huida a Egipto’

La Huida a Egipto, ca. 1490-1495
Maestro de la Leyenda de Santa Catalina

Óleo sobre tabla.
67,2 × 40,2 cm

Antigua colección de los Condes de la Vega Grande y Guadalupe.
Colección del Gobierno de Canarias.

Continuando con las esplendidas tablas flamencas de Gumart de Amberes y del Maestro del Papagayo que forman parte de esta sección,  hay que destacar la exquisita tabla La Huida a Egipto del Maestro de la Leyenda de Santa Catalina. De finales del siglo XV, muchos autores lo identifican con Pieter van der Weyden, hijo de Rogier van der Weyden, por el parecido estilístico con la obra de éste, con taller propio en la ciudad de Bruselas de los años 1470 a 1500. El autor debe su nombre a una tabla que ilustra dicha leyenda, descubierta por M. J. Friedländer, en torno a la cual se agrupa toda su producción. Una pieza de gran valor  patrimonial que hoy día forma ya parte del acervo cultural canario.

La fuerte demanda de la caña de azúcar en los mercados europeos propició un desarrollo espectacular de este cultivo en Canarias en el siglo XVI. En primer lugar en Gran Canaria, que reunían en torno a  veinticinco ingenios azucareros a principios de este siglo, en Tenerife, donde el cultivo de la caña se concentró en la vertiente norte y en la isla de La Palma. Todo ello, bajo importantes grupos familiares provenientes de los Países Bajos, grandes comerciantes y hacendados flamencos que fomentaron la traída de Flandes a las islas de todo un conjunto de obras artísticas de primer orden. De esta forma, el azúcar, que reavivó la vida comercial canaria, ha dejado después de 500 años un patrimonio único en nuestras islas: el arte flamenco.

Estas obras siguieron la ruta del comercio azucarero, que importaba los productos manufacturados y demás objetos suntuarios devocionales o de uso litúrgico, necesarios para dotar los templos o capillas privadas erigidas en las islas a raíz de su conquista. No en vano, la localización geográfica de las obras coincide muchas veces con el emplazamiento de los cañaverales, estando presentes  los talleres de Brujas, Amberes o Bruselas en este pequeño panorama flamenco del archipiélago canario.

Obra

Procedente de la antigua colección de los Condes de la Vega Grande y Guadalupe, se trata de la última incorporación en lo referido a las tablas flamencas que ha habido en la Colección, formando parte como depósito del Gobierno de Canarias desde el 2022. 

De rostros triangulares de expresión ausente, ojos rasgados y grandes orejas, las caricaturescas figuras  muestran una escena que resulta reconocible: es la salida de Belén de San José junto a la Virgen María y el Niño, relatada en el Evangelio. Éste último, fajado de acuerdo a las costumbres medievales, es estrechado por las delicadas manos de su madre que, con tierna actitud, avanza en su viaje montada en asno. 

La figura de la Virgen, esbelta, viste prendas negras y una indumentaria recatada, a la vez que se vislumbran atractivos detalles como el doble ribete dorado en los bordes de su manto y el nimbo de rayos dorados sobre su cabeza. A su lado, le acompaña un anciano San José que viste con un atuendo rústico, de mangas largas y puños acampanados. Se ciñe las ropas con un cinto, de donde pende una bolsa rectangular y calza en sus pies aguzados zapatos, siguiendo los dictados de la moda de fines del siglo XV. La escena  recurre a una arcaizante estructura axial, marcada por el escorzo del animal y la estática confrontación de la pareja, que se enriquece de monumentales edificios que se desvanecen en la sinuosa línea de su alto horizonte, bajo brumosos celajes y un bello paisaje compuesto por la rítmica alternancia de dos especies arbóreas.

Este óleo sobre tabla podría  formar parte de un tríptico en el que se integra por su similar disposición con el resto de escenas  y que es atribuido también al Maestro de la Leyenda de Santa Catalina quien, a su vez, se inspiraría para su ejecución en el Retablo de Sainte Colombe de la Alte Pinakothek de Munich (Alemania), realizado por Rogier van der Weyden.  Traído de Flandes en 1495, el tríptico se instaló en el altar del coro de Legos, en la Cartuja de Miraflores (Burgos). En este lugar se mantuvo la composición primigenia del interior de ambas puertas laterales, con dos escenas yuxtapuestas, hasta 1659. En este año se reforma el coro, provocando su división en cuatro piezas independientes  que hoy en día se encuentran dispersas por diversas colecciones de Europa: Heiligkreuzkirche en Suiza, Musées Royaux des Beaux-Arts de Belgique en Bruselas  y Museo Nazionale del Bargello, en Florencia. Esta obra es la única del conjunto original que presenta una forma arqueada, recortada así para adaptarla a una de las hornacinas del templo. Las referidas investigaciones han intentado relacionar la dispersión del tríptico con el saqueo de los generales napoleónicos, sin embargo, no constan en la relación de piezas desaparecidas de la Cartuja, datada en 1810.

 
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