Danza de la alegría (detalle).
Paco Sánchez, 1996

‘Mujer infecunda’, Antonio Padrón

Mujer infecunda, 1966 
Antonio Padrón

Óleo sobre tabla
73 x 79 cm 

Casa de Colón.
Cabildo de Gran Canaria.

Mujer infecunda III pertenece a una serie de tres tablas, tres versiones donde se trata un problema que preocupa de lleno a muchas mujeres, la infertilidad. La procreación, característica intrínseca de las mujeres, era crucial para gran parte de la sociedad, pudiendo enfrentarte al rechazo social si fallabas en tu papel de ser madre. Es por ello que numerosas mujeres vivían con la obligación de quedarse embarazadas, acudiendo a las santiguadoras, a su poderosa magia y brebajes para lograr la ansiada fertilidad.

Esta tercera versión de la obra, quizás sea de las tres donde mejor convergen los diferentes elementos que aparecen en la composición: el gallo negro que augura un mal presagio, la muñeca vudú llena de alfileres como alegoría al dolor físico, pero también al dolor psicológico. Dos ranas que simbolizan el útero de la mujer en la santería, un misterioso brebaje azul y el paisaje en tonos rojizos que asoma por la ventana, contextualizan la composición principal de tres figuras femeninas en diferentes posiciones que completan el ritual.

La mujer que acude se representa desnuda, tumbada en el centro de la composición mientras recibe a manos de la curandera el trigo, símbolo de fertilidad, sobre su vientre. Frente a la ventana de la habitación una tercera mujer sostiene el gallo. La obra nos narra, con todo detalle, el proceso por el que debe pasar para sanar, todo ello en un ambiente el trigo, símbolo de fertilidad, y el proceso de siembra y recogida que podemos observar a través de la ventana en cada una de las tres versiones de la obra. Un proceso que se deslumbra largo en el tiempo, que el podemos observar a través de las estaciones que se suceden tras la ventana en las diferentes versiones.

La pieza es una donación del crítico de arte Lázaro Santana en memoria de Pino Arce, asimismo, está firmada y dedicada al donante por el pintor, en el ángulo inferior derecho de la tabla.

Antonio Padrón Rodríguez (Gáldar, Gran Canaria 1920 – 1968) 

Fiel a sí mismo, experimenta y evoluciona desde la deseada soledad de su taller en Gáldar. En su estudio, se centra en la búsqueda de un lenguaje propio que bebe del mundo indígena canario, del expresionismo, del cubismo, del indigenismo, dando origen a un estilo inconfundible. Autocrítico con sus obras pues reflejan su personalidad, se configuran como ventanas abiertas por donde asomarse a la intimidad cotidiana de la sociedad canaria.

El pintor nace en Gáldar en 1920, quedándose huérfano a la edad de 10 años, vivirá con sus tíos. En 1938 finaliza sus estudios de bachillerato en el instituto Pérez Galdós, donde el pintor Nicolás Massiu y Matos le introduce al dibujo, dando comienzo su formación artística con uno de los pintores más importantes de nuestro archipiélago. En ese año marcha a Madrid, alistado en el ejército hasta 1945.

Durante estos años cultiva la pintura y la música en la Escuela Central de Bellas Artes de San Fernando, siendo alumno de grandes figuras como Daniel Vázquez Díaz, Julio Moisés y Ramón Stolz, entre otros. En esta etapa de aprendizaje tendrá lugar su obra más academicista. En 1949 se titula como profesor de dibujo, volviendo definitivamente a Gran Canaria en 1951.

Recién llegado a la isla, en 1950, participó en una exposición colectiva en el Colegio Municipal de Santa María de Guía, junto a la primera generación de artistas de la Escuela Luján Pérez: Felo Monzón, Plácido Fleitas, Santiago Santana, Juan Ismael, Jesús Arencibia, Manolo Millares, Miró Mainou y su antiguo maestro, Nicolás Massieu, entre otros.

A lo largo de su carrera expondrá de forma tanto individual como colectiva. Su primera exposición individual llegará en 1954, en El Museo Canario. Tras ella, conquistará de forma individual otros dos espacios expositivos de primer orden en nuestra ciudad; una segunda exposición en el Gabinete Literario en 1960 y una antología de su obra, en 1965, en la Casa de Colón.

Sucesivas muestras colectivas se darán a lo largo de su corta vida. En la Primera Exposición de Arte Nuevo de 1957 en La Laguna, organizada por la Biblioteca Española, participa en I Exposición de Artista Canarios en París en 1959. Un año después obtendrá el Primer Premio de Conjunto-Pintura en la IX Exposición Regional de Bellas Artes. Expone en el Círculo de Bellas Artes de Santa Cruz de Tenerife, en 1961, con la exposición colectiva Artistas Contemporáneos en Gran Canaria organizada por la Escuela Luján Pérez, y en 1964 en el Casino de Gáldar. Su última exposición colectiva tendrá lugar en la Modern Art Gallery de Las Palmas en 1966, junto a destacados artistas como Lola Massieu, Plácido Fleitas, Eduardo Gregorio o Dieter Korbanka, pues fallece en Gáldar en mayo de 1968, a los 48 años de edad.

Tras su muerte, se suceden diversas muestras antológicas de sus trabajos: en El Museo Canario en 1970, en la Casa de Colón en 1981 o en 2013, en la Casa Palacio del Cabildo de Gran Canaria. Por iniciativa de Dolores Rodríguez Ruíz, tía del pintor, el Cabildo de Gran Canaria adquiere su colección y taller en Gáldar, inaugurando la Casa-Museo Antonio Padrón en 1971, incorporando, años más tarde, el Centro de Arte y Estudios Indigenistas.

Obra

Considerado, junto al pintor Paco Sánchez, como los “último indigenistas”, Antonio Padrón enriquece este movimiento a través de sus relatos pictóricos y su inconfundible estética plástica, pero manteniéndose al margen de la denuncia social que llevaba consigo el indigenismo primigenio de la Escuela.

La principal característica o rasgo identificador de la pintura de Antonio Padrón es la tipología de sus personajes, sus figuras se vuelven geométricas a partir de 1953, bañadas en una paleta de color propia del neoexpresionismo, en capas de pintura de calidad pastosa y gruesa, visibles al tacto.

Los elementos que aparecen en sus composiciones se vuelven clave para el estudio de su trabajo. Aparecen series temáticas como camellos, cabras, molinos… y por supuesto la figura humana, forma esencial en sus cuadros, relevando el paisaje a un elemento secundario en sus obras.

La mujer canaria será la protagonista de sus narraciones pictóricas, estudiadas al detalle. A través de Mujer Infecunda, nos desvela el mundo oculto de lo cotidiano, como la santería, un mundo dominado por mujeres en un contexto agrícola. Haciendo visible la respetada figura de las curanderas, el público es testigo de la fusión entre la medicina popular canaria y la cultura religiosa, como parte de la idiosincrasia canaria.

Buscar
Cerrar este cuadro de búsqueda.