Danza de la alegría (detalle).
Paco Sánchez, 1996

‘Remendando la red’, Plácido Fleitas

Remendando la red, 1929
Plácido Fleitas

Bajorrelieve en madera
30 x 30 cm

Colección del Centro Atlántico de Arte Moderno.
Cabildo de Gran Canaria.

Plácido Fleitas Hernández (Telde, Gran Canaria  1915 –1972 Las Palmas de Gran Canaria) 

Maestro escultor y prolífero artista, Plácido Fleitas es muchos investigadores uno de los creadores más interesantes de la Historia del Arte en Canarias. Referente del Indigenismo de la Escuela Luján Pérez y pilar de la modernidad canaria, sus dibujos, bajorrelieves y esculturas son el reflejo de una identidad propia, marcada por el radical aislamiento de la isla y, a su vez, por la búsqueda de nuevas plásticas fuera del territorio canario, de los movimientos y tendencias que recorrían en ese momento la escultura contemporánea.

Oriundo de Telde, se trasladará con su familia a Las Palmas de Gran Canaria, iniciando sus estudios de dibujo en la Academia Municipal de Las Palmas en 1922 y, posteriormente, en 1929, ingresa en la Escuela de Artes Decorativas Luján Pérez. En el centro se relaciona tanto con docentes como con los alumnos, entre los que se respira los postulados de libertad artística, maestros y estudiantes en estrecha colaboración hallaban nuevas maneras de manejar los materiales y herramientas para sus diseños.

Junto a sus compañeros acude a El Museo Canario, donde examinaba con atención las cerámicas aborígenes, formas ovaladas casi perfectas que logrará trasladar a sus esculturas. Durante estos años, Fleitas recibe gran parte del legado que desarrolla en sus comienzos. Con una sensibilidad exquisita, crea una genuina tipología racial de hombres y mujeres de la isla, talladas directamente sobre madera o piedra. Entablará amistad con al crítico de arte y director de la revista Gaceta de arte, Eduardo Westerdahl, a partir un viaje a Santa Cruz de Tenerife con Felo Monzón y Eduardo Gregorio para participar en la exposición de alumnos de la Escuela en el Círculo de Bellas Artes en 1930.

De la figuración realista, poco a poco, irá acercándose a una estética más surrealista, influenciado por el poeta André Bretón. El líder del movimiento surrealista visita en 1935 la isla de Tenerife junto a su esposa, Jacqueline Lamba, para asistir a la Exposición Internacional del Surrealismo organizada por Gaceta de arte con ayuda del pintor Óscar Domínguez. Irá alternando la temática indigenista con la animalista, en piezas de gran sencillez tendentes a la geometrización.

Tras una beca de estudios en la península, fallida a causa del estallido de la Guerra Civil, fue destinado a Servicios Auxiliares de Fuerteventura. Obligado por las circunstancias a dejar la madera, en la isla tendrá su primer contacto con la piedra de Tindaya, de tonalidades grisáceas y aspecto lunar. Al no disponer de un espacio adecuado para desarrollar sus obras, se ve en la necesidad de trabajar al aire libre. Su pasión por dicha piedra será la causante de sus comienzos con la talla directa de bloques en la propia cantera.

De vuelta en Gran Canaria, en 1939 instala su taller en la calle Torres, del barrio de Triana. Ese mismo año, ganará el concurso del Cabildo para la decoración interior su edificio. Realiza una serie de murales de grandes bajorrelieves en madera, representando diferentes escenas de trabajos del campo, propios de la isla. De 1940 a 1942, vuelve a vivir en Fuerteventura para trabajar la piedra de Tindaya. Se trasladará también a Lanzarote, donde entabla contacto con el escultor Pancho Lasso.

Dejando atrás aquellos magníficos desnudos y majestuosas cabezas en piedra de barrancos como el de Tirajana, de la playa de las Alcaravaneras o de la cantera de Tindaya en Fuerteventura, a partir de los años cincuenta, se aleja, cada vez más, de las formas reconocibles de la realidad hasta abrazar los postulados de la abstracción. Sus obras indican la existencia de un espíritu alerta, que ha sabido madurar un estilo propio en consonancia con lo exterior.

Su salida a territorio nacional, a partir de 1949, le abre un gran abanico de posibilidades fuera de las islas, nuevas ilusiones, amistades e influencias que transforman su visión artística y sus obras. Realiza una exposición individual en el Museo de Arte Moderno de Madrid y en la Galería Layetanas de Barcelona. Presenta piezas de carácter indigenista, unas bellas cabezas femeninas talladas directamente en madera y piedra. Su estancia en Barcelona se prolonga durante ocho meses y en este tiempo establece fuertes vínculos con el grupo Dau al Set, compuesto por Antoni Tapies, Joan Ponc, Modest Cuixart, Joan-Josep Tharrats y Juan Eduardo Cirlot.

En los años de posguerra española se está gestando una renovación plástica que arranca del arte primitivista de cada lugar. Dau al Set en Barcelona, Los Indalos en Almería, la Escuela de Altamira en Santander, el Grupo Pórtico en Zaragoza y aquí, en Gran Canaria, Los Arqueros del Arte Contemporáneo (LADAC). Tras el contacto de los artistas canarios con sus homólogos catalanes, Plácido Fleitas funda, junto a Manolo Millares, Juan Ismael, Felo Monzón y Alberto Manrique, el grupo LADAC con la intención de revitalizar el arte en las islas desde una posición independiente.

En 1951 consigue una beca de estudios del Instituto Francés con la que viaja a París. Aprovecha para visitar a Óscar Domínguez y conocer a Pablo Picasso. Durante dos años se inspira a través del arte gótico de las calles de París, del Museo del Louvre y el Museo de Arte Moderno además de aprovechar y viajar a otros lugares de Europa como Inglaterra, Holanda o Bélgica. El escultor volverá a la isla con una renovada concepción de su obra.

Participa en la I Bienal Hipanoamericana de Arte en Madrid que tuvo lugar en las salas del Museo de Arte Moderno y en los palacios de Velázquez y de Cristal del parque del Retiro. En 1964 expone en el Ateneo de Madrid y en las Galerías Syra de Barcelona. A su regreso a Canarias, en 1953, sin llegar aún a la abstracción, su obra se estiliza, pierde detalles y se alarga, comenzando a utilizar, poco a poco, el hueco, que pasará a ser parte integrante de su escultura.

Cuando visita Inglaterra, durante su beca en París, conoce la obra de Henry Moore y de Bárbara Hepworth. Este hecho supuso para él la revelación de lo que podía ser la escultura moderna, a la vez que se sentía identificado con la creencia de que su obra también era parte inseparable de su tierra, de la que la piedra toma sus formas. Con la obra abstracta de Hepworth, Fleitas descubre que la luz podía ser trabajada por el escultor a través de vacíos y oquedades, no sólo a través del pulimento. A partir de ahora, acoge la piedra directamente, no por una decisión pensada racionalmente, sino respondiendo a un impulso, a una necesidad.

En sus últimos años, el vínculo entre la geología canaria y su obra se agudiza, trabaja grandes esculturas de arenisca, porosas, llenas de protuberancias a causa de la erosión, que el escultor acaba por corregir a su antojo.