Danza de la alegría (detalle).
Paco Sánchez, 1996

‘Retrato femenino’, Luis de la Cruz y Ríos

Retrato femenino, inicios del siglo XIX
Luis de la Cruz y Ríos

Gouache sobre marfil
12 × 10,5 cm

Casa de Colón.
Cabildo de Gran Canaria.

En estas diminutas pero exquisitas piezas, realizadas sobre una fina lámina de marfil, podemos observar su estilo sobrio con fondos oscuros, en negro, verdinegro, marrón, pardo u ocre, lisos y sin matizaciones, consiguiendo el volumen a través de líneas horizontales. Se trata de una técnica detallista y minuciosa, dada por la pincelada concreta y certera del pintor, donde resaltan sus diminutos punteados. Dentro de esta sobriedad, los retratos presentan suaves tonalidades, ejecutados con elegancia y distinción. Las figuras se representan en frontalidad, con facciones marcadas, la mirada fija y absorta. Los personajes masculinos con frac y levita, pañuelo y corbata, mientras los retratos femeninos aparecen con vistosos vestidos de seda, terciopelo o muselinas, creando extraordinarias calidades en ropajes y joyas.

Luis de La Cruz y Ríos (Puerto de la Cruz, Tenerife 1776 – 1853 Antequera, Málaga 1853)

Los profundos cambios políticos y sociales que se venían produciendo desde finales del XVIII tendrían un rápido reflejo en la producción artística. La burguesía como nueva clase de poder económico y político demandaría nuevos géneros para la decoración de los espacios públicos y privados, siendo los más habituales el retrato, el paisaje y la pintura histórica. El inicio de la centuria vendría marcado por la figura de Luis de la Cruz y Ríos (1776-1853), uno de nuestros primeros pintores con proyección nacional e internacional. 

Nacido en el Puerto de la Cruz, estaría en contacto con los círculos ilustrados y con miembros de la colonia británica, en cuyas tertulias tenían un peso importante las artes y la literatura. El pintor recibiría sus primeras lecciones de dibujo y pintura de su padre, Manuel Antonio de la Vera Cruz, y del prestigioso, a la vez que controvertido pintor, Juan de Miranda (1723-1805).

En esta primera fase de su producción artística tendrán gran relevancia sus retratos oficiales de las principales familias de la burguesía dominante, pero también de los poderes políticos y religiosos. Luis de la Cruz se trasladaría a la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria a causa de nuevos encargos y para conocer, entre otras razones, el patrimonio pictórico de la isla vecina. Durante su estancia, retratará en repetidas ocasiones al Obispo Verdugo y realizará uno de los grandes retratos de los últimos años del siglo XVIII canario, la figura del ilustrado Diego Nicolás Eduardo, conservado en la Catedral de la ciudad.

En estos momentos, Luis de la Cruz comenzaría a destacar en el género de la miniatura, que se convertiría en la actividad artística principal del autor, atrayendo la admiración del público, le garantizará una importante fuente de ingresos.

En 1815 viaja por primera vez a la península, tras la concesión para ir a la corte del Rey Fernando VII donde obtiene el título de “Pintor Honorario de Cámara” del monarca, en tan solo un año. No disfrutó de ingreso alguno de carácter público hasta 1825, por lo que tuvo que subsistir a base de sus obras. Durante su estancia en la corte realizaría diversos retratos en miniatura de la familia real, en muchas ocasiones regalados en actos oficiales a embajadores y monarcas extranjeros, motivo por el cual será reconocido a nivel nacional e internacional. También conocerá de primera mano, la obra de los grandes maestros pero, sobre todo, de Francisco de Goya (1746-1828), sirviéndole de inspiración para mejorar la forma de afrontar sus propios retratos.

En Canarias, su obra está presente en varias colecciones artísticas de las diferentes islas: en la Casa de Colón, Catedral de Las Palmas de Gran Canaria, Cabildo de Tenerife, Museo Municipal de Bellas Artes de Santa Cruz de Tenerife o en la Catedral de La Laguna. Fuera del archipiélago canario, en el Museo Nacional del Prado, Museo Romántico de Madrid, Palacio Real de Aranjuez, Ministerio de Asuntos Exteriores de Madrid, Real Academia de la Historia de Madrid o el Museo Lázaro Galdiano, entre otras.

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