Dama romántica (detalle).
Luis de Madrazo y Kuntz, ca 1850

Barroco Atlántico. Siglo XVIII

'San Matías'Las piezas que forman esta sección son tremendamente interesantes para el futuro desarrollo del Museo de Bellas Artes de Gran Canaria, como líneas maestras a expandir con otras colecciones públicas o privadas de la isla y del archipiélago.

En primer lugar, tenemos un conjunto de piezas procedentes del continente americano, que atestiguan los viajes de ida y de vuelta, tanto de personas como de objetos artísticos, entre Canarias y América durante estos siglos. Destaca de forma brillante La Coronación de la Virgen por la Santísima Trinidad del pintor Joseph de Páez, realizada en México en 1756, o el barroquizante Niño Jesús Nazareno de escuela cuzqueña, también de mediados del siglo XVIII. 

En segundo lugar, tenemos piezas elaboradas por artistas que desarrollan su producción en el archipiélago, creadores inicialmente formados en la órbita canaria que logran dar el salto a la península e incluso, a finales de siglo, recibir una cierta educación artística de forma reglada. Inmersos en una estética barroca, que se alarga en las islas hasta finales de esta centuria, encontramos nombres a descubrir como Francisco de Paula (esclavo liberto de Alonso Ortega), al que se le atribuye una pintura de gran formato de Nuestra Señora del Pino, o artistas ya consolidados en la Historia del Arte en Canarias como Cristóbal Hernández de Quintana (La visión de San Bernardo de 1724), José Rodríguez de la Oliva (Retrato del Obispo Juan Bautista Cervera de 1770) o el grancanario Juan de Miranda. De este último, la exposición exhibe piezas recientemente adquiridas como un San Matías (ca.1780-1790), de enorme fuerza expresiva, o la sutil composición de El Salvador (ca.1785), junto a piezas ya conocidas como la maravillosa hechura barroca de la Inmaculada Concepción.

Finalizamos esta sección con las piezas que atesora el Cabildo de Gran Canaria del afamado escultor José Luján Pérez, obras que atestiguan una pulsión entre postulados tardobarrocos en un mundo ya neoclásico, que se aprecian en sus reconocibles cristos y en las dolorosas de finales del siglo XVIII e inicios del XIX.

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