Dama romántica (detalle).
Luis de Madrazo y Kuntz, ca 1850

Síntesis canaria y visiones insulares. Siglo XX

'Domingo Doreste, Fray Lesco'En este apartado de la exposición se exhiben piezas que están relacionadas, en principio, con la producción de la Escuela Luján Pérez. Una institución libre de enseñanzas artísticas creada en 1918 por Domingo Doreste, más conocido como Fray Lesco, que en su intento de ofrecer una cierta educación artesanal, de carácter utilitario, se convierte en un auténtico laboratorio de arte. De formar a artesanos para las grandes obras que se estaban realizando en la isla, como el Teatro Pérez Galdós o la Iglesia de Arucas, a instruir a personas para convertirse en artistas de la talla de Eduardo Gregorio, Plácido Fleitas, Felo Monzón, Jorge Oramas o Santiago Santana. La Escuela Luján Pérez es, en definitiva, una apuesta consciente por unos planteamientos progresistas en lo político, renovadores en lo pedagógico y ciertamente antiacadémicos en lo estético, que trataron de hacer un arte nuevo como correspondencia gráfica y crítica del panorama que les rodeaba, un arte que ha quedado grabado de forma indeleble en la retina de la ciudadanía.

Esta sección se abre con una pieza de Juan Carló, profesor de esta institución, que recoge el propio Jardín de la Escuela Luján Pérez en 1920, y un busto en piedra que representa a Domingo Doreste, Fray Lesco, de Eduardo Gregorio. Nos encontraremos obras que participaron en la gran muestra de la Escuela en 1929, como Remero del escultor Matías López Morales o una visión del Risco de San Bernardo de Santiago Santana. En la Escuela Luján Pérez de estos momentos no se imita ni se copia, se entiende el arte como una expresión tremendamente personal, de ahí las obras tan reconocibles de Plácido Fleitas (Pescadora o Tarrayero), Jesús Arencibia (Procesión del Corpus), Eduardo Gregorio (Muchacho del Risco) o Santiago Santana, de nuevo, con su lienzo La Siesta.

'El Toril', Jorge OramasMención aparte merecen dos autores fundamentales para la plástica insular: Jorge Oramas y Felo Monzón. Definir la producción del primero de ellos sin utilizar la palabra “luz” sería prácticamente imposible. Jorge Oramas, isla dentro de una isla, es luz pura llevada al lienzo. El metafísico solar de vida desangelada, que fijó para siempre la imagen de los riscos de la ciudad, unida a la suya propia, al pintarlos desde su convalecencia en el Hospital de San Martín. El Cabildo de Gran Canaria posee un destacado número de piezas realizadas por Oramas que aquí se exhiben juntas, entre las que hay que destacar Aguadoras, Dos figuras, Risco o El Toril, todas ellas realizadas entre los años 1932 y 1935. De Felo Monzón, alumno, profesor y director de la Escuela Luján Pérez, hemos querido destacar por encima de otras piezas la Composición canaria de 1937, un gran óleo sobre tela, con tierra del Teide, que resume a la perfección el espíritu definitorio de lo esencial, la “síntesis canaria” ideada por el propio autor y que fagocitará a la propia Escuela Luján Pérez. Es pertinente mencionar la participación, en todo este proceso estético disposicional de vanguardia, de un fotógrafo alemán de nombre Teodoro Maisch, de cuya ideología y forma de afrontar las composiciones es deudora la Escuela, y del cual se muestran una serie de excelentes fotografías que explicitan esa relación. 

Es en este momento cuando tenemos por primera vez en la muestra una pieza realizada por una artista, Lola Massieu, con el óleo titulado Andrés, campesino de la Angostura, que aparece firmada en 1942, lo que da idea de las dificultades que han tenido y tienen las creadoras, con una incorporación tardía al relato de la Historia del Arte en Canarias. Tardío pero fundamental. 

Terminamos esta sección con piezas que nos siguen aportando visiones insulares estéticamente relevantes, como la icónica composición Los tres roques de Tejeda de Nicolás Massieu y Matos, realizada en 1947, o la Escena canaria de Sergio Calvo, en 1940, heredera de postulados nestorianos; así como obras del artista galdense Antonio Padrón, relacionadas con su primera exposición individual en el Museo Canario en el año 1954, Aguadoras y El Pescador.

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